sexo exhibicionistas
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Esa noche, lo vi mas imponente que de costumbre, o tal vez yo, por algun motivo, me encontraba mas vulnerable. Me acerqué, no tubo siquiera que hablar, bastaron sus ojos negros para que yo, fuera. Acaricié su rostro, pero él permanecía inmutable, inmerso en la humadera gris, casi indiferente, sus ojos estaban fijos en los mios, mi mano acarició su cuello, bajó por su nuca, por su espalda... recorrieron cada centimetro de su pecho, ya lo conocía de memoria. Me encantaba descubrirlo debajo de sus fina camisas de verano.