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había tocado antes, pero aquello me pareció el cielo, la cogi con energía y la atraje hacia mi, continué mi ritual besándola, poco a poco, los pechos, el ombligo, las piernas, ¡mmmm!, que rico sabia aquel manjar, mi lengua no paraba, no paraba de entrar y salir, entrar y salir, mis manos se aferraban a su trasero, para que no se moviese en exceso, mientras se retorcía de placer, ¡mmmmmmm!, sigue amor, así me gusta, sigue no pares, y yo no paré, por supuesto, aquello era tan gozoso como cualquier manjar que pudiésemos describir, pero el sentir, eso es diferente, la cogi por detrás y introduje mi verga en su vagina, con movimientos muy rítmicos, lentos, lentos, arriba, abajo, dentro, fuera, jugando como si se tratase de un pez que va a morder el anzuelo, mis manos cogían sus senos con mucha sensualidad y dulzura, sin brusquedad, eso no existía, mientras ella decía: